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Guerrilla naranja sueña con el título de la pelota cubana

                                                                                Por Javier Figueroa Ledón  

Una guerrilla se ha robado el show de la pelota cubana. Sus integrantes visten de naranja y andan armados con bates, guantes, gorras... Nadie pensó, antes del comienzo de las hostilidades, que un "grupúsculo diezmado, disminuido, y aterrorizado" venciera a un enemigo tan poderoso como Santiago de Cuba.

   Sin embargo, una emboscada de los discípulos de Martín Saura sorprendió a los campeones defensores y los "alzados" del centro del país soñaron con el milagro. Después desembarcaron en Ciego de Ávila, donde los números son solo eso: números, y con un "electrizante" bombardeo dejaron boquiabiertos a medio mundo.

  Entonces la prensa azul, digo, nacional, publicó en blanco y negro las incidencias de los dos primeros partidos y "siempre confiados en una reacción avileña". Pero, el tercer desafío de la serie, esta vez en patio naranja, mostró la eficacia de la guerra de guerrillas desarrollada por el Sabio de Isabela, y el dramático choque se decidió en el noveno episodio por un jonrón del torpedero Aledmis Díaz.

  Entonces los Tigres se quedaron sin garras, y a través de un cometarista deportivo sacaron boleto para el famoso Tren de Cacocum, donde según dicen, viajan también reconocidas personalidades.  

  Pero la tropa avileña contuvo a Villa Clara en el cuarto encuentro, apoyado en el francotirador zurdo Maikel Folch. Este sábado, a las cinco de la tarde, la "guerrilla" buscará su pase a la final, y según expertos en meteorología es posible que fuertes lluvias de ácido naranja inunden las gradas del Sandino. Veremos qué pasa.

 

  

2 comentarios

Javier Figueroa -

El béisbol cubano necesita muchos cambios y no solo estructurales, sino también de mentalidad. A veces nos "casamos" con jugadores de fuerza y en ocasiones con atletas "de tacto". Este deporte evoluciona en el mundo entero y nosotros seguimos jugando como en los '80. Los "Ideólogos" de la pelota nacional deben tener eso en cuenta. Saludos,
Javier

White Angel -

Considero que la serie nacional de beisbol debe ser reducida a 6 u 8 equipos. yo conformaría una liga de 8 con un calendario de 120-130 juegos por equipo. Podría dividirse en liga occidental y liga oriental, jugando play-offs con sistema cruzado 1-3 y 2-4 y los vencedores irían por el título. los nombres y colores serían los siguientes:
vegueros del pinar del río (verde)
artilleros del habana (marrón)
leones del industriales (azul)
cocodrilos del matanzas (rojo con ribetes azules)
azucareros del las villas (naranja con ribetes negros)
ganaderos del camaguey (azul con ribetes rojos)
indios del oriente (azul oscuro)
avispas del santiago (rojo)
los dos teams habaneros estarían conformados indistintamente por jugadores de la capital, habana campo y la isla. la habana es una sola. tan habanero es el que vive en marianao como el que lo hace en caimito o nueva gerona. lo del nombre artilleros le viene a los marrones por los vetustos cañones que adornan las fortalezas de nuestra capital y la tradición del zimbombazo de las 9, tan habanera. no sea que a alguien con poca iniciativa se les ocurra llamarle “agropecuarios” como ya han hecho en pasadas selectivas; cuando pienso en la mascota de ese equipo lo primero que me viene a la mente es un puerco.
Lo mismo se aplica a los dos conjuntos orientales, tan oriental es el que vive en nicaro como el que lo hace en songo la maya.
De tal forma los aficionados se sentirían identificados con sus regiones y seguirían a sus equipos, sin que se quedaran zonas del país sin ver béisbol, ya que se programarían juegos en todos los estadios de las cabeceras provinciales que cumplan los requisitos de calidad y seguridad que ameriten al campeonato: así, por ejemplo, el elenco villareño se desempeñaría en los estadios de santa clara, cienfuegos y sancti spiritus, los camagueyanos se presentarían en camaguey y ciego, etc.
Cada equipo tendría su sucursal en la liga de desarrollo con ascensos y descensos de jugadores según su rendimiento.
También haría una reforma radical con los cotorreantes uniformes con esos pantalones de bombacho sin ligas que tanto deslucen el espectáculo.
En la mayoría de los uniformes de visitador no se distinguen ni las letras.
En los de home club, que por suerte son blancos, el número se coloca debajo de la inicial al costado izquierdo en vez de estar solo al derecho, desbalanceando el conjunto por completo.
Todos los uniformes de home club tienen el mismo diseño: blanco con las mangas del color del equipo. No hay ningún diseño a rayas, o sin mangas, nada que rompa esa desértica monotonía.
Recuerdo con nostalgia aquellos uniformes de las snb de los años 68 al 72: daban gusto por su elegancia, cada nombre con una tipografía diferente, las letras y números con un ribete blanco o de color que los destacaba del fondo, blancos los de home club, grises los de visitador. Ya no se ven uniformes grises de visitador en nuestro entorno; nuestros alegres diseñadores desconocen que ya por el siglo XIX los dignos precursores se habían dado cuenta de las ventajas técnico-tácticas del mismo, ya que los lanzadores salían favorecidos, pues al escoger estos las pelotas más usadas para dificultarle la tarea a los bateadores, las mismas en su trayectoria de descenso al ser lanzadas pasaban frente al cuerpo del lanzador y costaba más trabajo batearlas. En este caso la estética fue de la mano con la picardía.
Imagínense una mizuno nuevecita pasando frente al uniforme rojo tomate de un lanzador del equipo cuba. Todo un banquete.
Al babalao del equipo cuba hay que pasarlo al retiro: ya esos uniformes rojos que usan hasta de home club en los juegos decisivos no traen suerte. La pelota se gana a palos, no con supersticiones.
Y si no, recuerden aquellos uniformes que se usaron en cartagena´70: más bellos y elegantes no los ha usado nunca un equipo cuba. El de home club llevaba a la izquierda la palabra cuba con la letra c en círculo abarcando las demás y el número a la derecha; venía en dos versiones: blanco crema con letras rojas o blanco con letras azules (en la guía de 1970 se aprecian muy bien, revuelvan la biblioteca y díganme si no tengo razón); el de visitador gris con la palabra cuba a todo lo largo del pecho en color rojo con ribetes blancos y azules. Como para aplaudir nada más que de verlos.
Espero que nuestra momificada comisión salga de su letargo y al menos lo lea.
Un saludo.