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Guerrilla naranja sueña con el título de la pelota cubana

                                                                                Por Javier Figueroa Ledón  

Una guerrilla se ha robado el show de la pelota cubana. Sus integrantes visten de naranja y andan armados con bates, guantes, gorras... Nadie pensó, antes del comienzo de las hostilidades, que un "grupúsculo diezmado, disminuido, y aterrorizado" venciera a un enemigo tan poderoso como Santiago de Cuba.

   Sin embargo, una emboscada de los discípulos de Martín Saura sorprendió a los campeones defensores y los "alzados" del centro del país soñaron con el milagro. Después desembarcaron en Ciego de Ávila, donde los números son solo eso: números, y con un "electrizante" bombardeo dejaron boquiabiertos a medio mundo.

  Entonces la prensa azul, digo, nacional, publicó en blanco y negro las incidencias de los dos primeros partidos y "siempre confiados en una reacción avileña". Pero, el tercer desafío de la serie, esta vez en patio naranja, mostró la eficacia de la guerra de guerrillas desarrollada por el Sabio de Isabela, y el dramático choque se decidió en el noveno episodio por un jonrón del torpedero Aledmis Díaz.

  Entonces los Tigres se quedaron sin garras, y a través de un cometarista deportivo sacaron boleto para el famoso Tren de Cacocum, donde según dicen, viajan también reconocidas personalidades.  

  Pero la tropa avileña contuvo a Villa Clara en el cuarto encuentro, apoyado en el francotirador zurdo Maikel Folch. Este sábado, a las cinco de la tarde, la "guerrilla" buscará su pase a la final, y según expertos en meteorología es posible que fuertes lluvias de ácido naranja inunden las gradas del Sandino. Veremos qué pasa.

 

  

23/05/2009 18:09 cubapordentro Enlace permanente. sin tema Hay 2 comentarios.

Radiografía de un huracán

20080920205416-2008982323442-1-.jpgPor Javier Figueroa Ledón
El choque entre sí de las fichas de dominó se confundía con el sonido del viento. Mientras afuera los árboles caían, dentro de la vivienda, 26 personas liberaban tensiones. La mesa situada en el centro de la sala se encontraba rodeada por sillas, taburetes, y butacones… La luz de un quinqué iluminaba a los jugadores y permitía que los buches de café frío no fueran tan amargos.

Mediante un pequeño radio de batería se escuchaba el parte meteorológico y la ubicación exacta del huracán Ike. Las mujeres y los niños se acomodaban por los rincones, a la vez que los hombres permanecían de pie.

La ropa, los equipos electrodomésticos, y el resto de las pertenencias se encontraban en sitio seguro. Sobre las 12 de la noche una ráfaga de viento desprendió varias tejas de la casa continua y una mata de aguacate fue arrancada de raíz.

En horas de la madrugada se conoció que Ike se alejaba del centro de Cuba, pero las indicaciones eran claras: nadie fuera de sus puestos.

Las autoridades reclamaban por los medios de comunicación que la preservación de las vidas humanas constituía el primer objetivo en ese momento, pues ya se contabilizaban cuatro víctimas fatales.

Dentro de la sólida vivienda los evacuados compartían galletas, panes, y alguna que otra reserva. Convertimos lo poco en mucho, me dijo uno ellos un tiempo después.

A las siete de la mañana del martes 9 de septiembre los vientos aminoraban, aunque la lluvia persistía. Las 26 personas que se encontraban en la casa más fuerte del vecindario salieron a la calle y contemplaron los destrozos ocasionados por Ike.

Una de las mujeres del grupo palideció cuando le comunicaron que su vivienda había quedado en ruinas. El techo, las paredes, todo, todo se vino abajo. Inmediatamente, media docena de hombres trató de salvar las tejas sanas del inmueble destruido, y así lo hicieron.

El paso de Ike demostró que la solidaridad de un pueblo es más poderosa que los vientos de un huracán sea de la categoría que sea.
 
 
20/09/2008 20:59 cubapordentro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La aventura constante del Periodismo

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              Por Javier Figueroa Ledón

 figueroa113@ozu.es

El periodismo es una aventura constante, me dijeron los profesores cuando inicié estudios sobre esa materia en la universidad. Después de algunos años he descubierto que esa aventura es un género amplio, lleno de rosas y espinas. 

  “Nosotros somos como los sepultureros, nadie nos quiere pero todos nos necesitan”, manifestó tajante una de mis maestras en el oficio, a quien el cigarro y el stress cotidiano le han robado unas cuántas libras.

   Soñamos con la entrevista exclusiva, la noticia de impacto, y el reportaje profundo. Vivimos en continuo y fluido movimiento detrás de la información exacta, y el comentario oportuno. Trabajamos día y noche, noche y día, para que usted conozca cada detalle de lo que sucede en su barrio, en su pueblo, en nuestro país.

   Algunos sabios de la profesión repiten hasta el cansancio que un “un periodista que no se busque problemas no es un buen periodista”, y es cierto. Cuando señalamos que tal o mas cual cosa no funciona bien, sale un fulano, casi siempre el que no realizó correctamente su trabajo, a pedir explicaciones.

   El funcionario público tiene que rendir cuentas al pueblo, esa es una de sus funciones, y las cuentas deben ser claras. Los señalamientos críticos, la denuncia de las cosas mal hechas son indispensables en un proceso revolucionario como el nuestro.

  Fidel señaló en una ocasión que “a pesar de las posibles consecuencias, todo es mejor que la ausencia de críticas”.

  Los periodistas cubanos conocemos de los desmanes de la botella, de la inestabilidad en los precios de productos vitales, y de las limitaciones con el salario. No venimos de otro planeta.

  En estos momentos transcurren las sesiones finales del Octavo Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, donde un grupo de colegas discute sobre la eficacia informativa, y otros temas de interés periodístico.

   Los acuerdos que allí se logren serán de vital importancia para el país y la profesión, pues somos actores esenciales en la transformación de la sociedad.

  El periodismo de estos tiempos requiere de un enorme sacrificio y  de una mayor preparación. De eso y de otras cosas depende que más que una aventura constante se convierta en un permanente compromiso ciudadano.     

 

 

 

 

07/07/2008 16:23 cubapordentro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La elección presidencial en la democracia estadounidense

 

                                                                                                                                                                 Por Javier Figueroa Ledón

 figueroa113@gmail.com  

  La elección de un presidente en Estados Unidos constituye un proceso complejo y engorroso debido a la extensión territorial y al elevado número de ciudadanos. Cerca de 200 millones de votantes  distribuidos en 50 estados y la presencia de colegios electorales ineficientes, reliquias del siglo XVIII, imposibilitan una designación directa del candidato presidencial, lo que pone en entredicho al sistema democrático norteamericano.

   A ello se suma el carácter heterogéneo de la población y la existencia de dos partidos políticos predominantes, el Demócrata y el Republicano, que dejan sin opciones a los “terceros partidos”.

   El papel que desempeñan las minorías en los comicios crece de campaña a campaña. Los afroamericanos y latinos ganan terreno paulatinamente y los partidos tradicionales comienzan a tenerlos en cuenta. 

 

Las elecciones primarias de cada partido: primer paso importante en la selección del presidente.

     A la contienda electoral cuya finalidad reside en definir el candidato de un partido político a un cargo público en particular se le denomina elección primaria. Éstas clasifican de “cerradas” (votan solamente los miembros registrados de un partido) o “abiertas” (votan miembros de otros partidos).

   En el caso de las primarias presidenciales se realizan a nivel estatal y el sufragio, según la ley de cada estado, emana rectamente en apoyo al candidato a mandatario, o de lo contrario los ciudadanos eligen un delegado que “garantiza” el respaldo al aspirante con mayores posibilidades en la convención del partido.

   La participación de los votantes en las primarias no ha sido la mejor. En 1968 sólo 12 millones de personas (el 11% de la población con edad de votar) tomaron parte en la nominación de los gobernantes. Mientras en el 2000 lo hicieron cerca de 35 millones (15% del electorado).

    Ello demuestra que solo una pequeña minoría selecciona directamente a los candidatos a la presidencia. El resto únicamente reafirma la elección en los comicios generales.

 La Convención. Se perfilan los candidatos.

    Cada partido, una vez concluida las primarias, procede a la Convención (generalmente en los meses de verano del año de las elecciones) para escoger un presidente y un vicepresidente que encabece a la organización política en los sufragios.

   Además se da a  conocer el programa de la agrupación, lo que despierta un enorme interés de los medios de prensa.

 El día de las elecciones

     Los comicios presidenciales en Estados Unidos se celebran cada cuatro años, el primer martes siguiente al primer lunes de noviembre.

   Para llegar a la Casa Blanca uno de los candidatos necesita un mínimo de 270 “electores”  de un total de 538. Los aspirantes que ganan el voto popular en un estado suelen recibir todas las boletas de dicho estado. En otras palabras: el vencedor “arrasa”, algo que va contra el sentido de la verdadera democracia.

   Puede que el triunfador sobrepase los 270 “electores” con un número inferior de “votos reales” , como sucedió en los sufragios del 2000.

     Estas irregularidades exigen una reforma urgente del sistema electoral norteamericano donde se garantice una votación directa y segura, mediante mecanismos tecnológicos fiables.

 Dinero y poder

    El dinero resulta un factor imprescindible para aspirar a la presidencia de Estados Unidos por lo que no pocos candidatos se convierten en representantes de los grandes intereses económicos. El costo de las campañas aumenta en cada elección y la cifra asciende a los 140 millones de dólares, recaudados por George W. Bush en la contienda de 2004.

   Las aportaciones directas de ciudadanos individuales, los grupos de interés, los fondos públicos, así como los propios recursos personales constituyen fuentes secundarias de financiamiento.

   El estrecho vínculo que existe entre lo nominados a la silla presidencial y los enormes consorcios y corporaciones, dado por la dependencia monetaria, quebranta la democracia, pues el norteamericano común pasa a un segundo plano.

   La elección presidencial resulta un negocio de los grandes grupos económicos por controlar el poder político. A fin de cuentas, todo gira en torno a mantener el estado de cosas y preservar al sistema de cualquier anomalía.

   ¿Un presidente atractivo? o ¿un mandatario capaz?

    El éxito de un gobernante en Estados Unidos no depende solamente de su capacidad para enfrentar problemas sino de su magnetismo y personalidad. Los estadounidenses medios prefieren “líderes” elegantes, joviales, y de exquisita fluidez verbal. Un candidato sin éstas características difícilmente podrá acceder a la Casa Blanca.

   La misma “democracia incontrolable” permite que individuos de bajos niveles culturales e incapaces de asumir grandes responsabilidades ocupen puestos trascendentes y vitales. Un sembrador de cacahuetes o  un empresario mediocre pueden gobernar una nación tan poderosa, mientras personas preparadas y competentes luchan por sobrevivir.

 El poder de los metecos

    Estados Unidos recibe de 500 mil a un millón de personas cada año, y en el 2000 su población incluía a más de 28 millones de extranjeros, sin contabilizar los descendientes de éstos.

   Los hispanos, por ejemplo, sobrepasan los 30 millones (un 11% de la población total) y se convierten en la primera minoría (por delante de los afroamericanos).

   En el orden político los “nuevos metecos” logran algunos avances en la medida que asimilan la cultura norteamericana. Pero no todos participan en las elecciones debido a que muchos carecen de la nacionalidad estadounidense, a pesar de tener la residencia permanente.

   Los puestos públicos de alto rango excluyen a los inmigrantes legalizados, aunque en los últimos años, por el incremento del voto latino, varios hispanos han ocupado serias responsabilidades dentro del gobierno.

    Las elecciones generales de 2004 evidenciaron el poder que las  minorías étnicas ejercen en el resultado final. Mexicanos y puertorriqueños, junto a los ciudadanos afro, votan por los demócratas regularmente. Mientras que los cubanos, en su mayoría, apoyan a los republicanos.

 Consideraciones finales

    El sistema electoral norteamericano se encuentra plagado de imperfecciones e irregularidades, por lo que necesita una reforma urgente. La esencia de la verdadera democracia se pierde en el número excesivo de votantes y en la gran diversidad cultural.

   Las elecciones de 2000 y el sonado fraude de Florida pusieron en evidencia los “huecos negros” que minan al “país más libre del mundo”. Para muchos la causa fundamental de la decadencia eleccionaria reside en las “trabas tecnológicas” solamente, y desconocen que el mecanismo democrático de los Estados Unidos, en su totalidad, se encuentra en crisis.

   Y aunque la Primera Enmienda de la Constitución garantiza la libertad de palabra y de prensa, los grandes medios de comunicación masiva están controlados por el poder económico. Éste, al fin y al cabo, da la última palabra en la elección de los gobernantes.

   Una transformación a gran escala de las instituciones que intervienen en los comicios pudiera detener, al menos por un tiempo, las incongruencias y violaciones. Pero la razón principal de los problemas mora en el propio régimen capitalista, donde el dinero manda y se impone. 

  

  

 

  

 

      

08/04/2008 20:08 cubapordentro Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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